La carta fue rápida y larga. Una misiva de cuatro folios que el Real Madrid cargó de dinamita. Aprovechó una feísima patada –no sancionada con la tarjeta roja– de Romero, lateral izquierdo del Espanyol, a Mbappé para proclamar su condición de máximo agraviado del fútbol español, masacrar el modelo arbitral reinante y clamar por un cambio radical del sistema. “La única vía para restaurar la credibilidad del arbitraje español exige una reforma integral que incluya, como elemento esencial, la sustitución de aquellos árbitros cuya vinculación con etapas bajo sospecha compromete la legitimidad del sistema y perpetúa su falta de transparencia”, rezaba uno de los párrafos de la carta.

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