Cada vez que veo un equipo de fútbol centenario jugar partidos importantes con una camiseta de colorines sin estar obligado para evitar la confusión, cada vez que esto sucede y sucede mucho, doy gracias al All England Lawn and Tennis&Croquet Club por ser elitista. Sin este rasgo, el torneo de Wimbledon sería todo menos lo que es: un reducto del clasicismo que obliga a los jugadores –y a sus patrocinadores– a jugar de blanco, cosa que no hace ya ni el mismísimo Real Madrid.

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