Estrés constante, nervios a flor de piel, caídas, abanicos y mucho sufrimiento. Una completa locura para empezar un Tour de Francia que amenaza con convertirse en una clásica diaria durante esta primera semana. Ninguna carrera del mundo es comparable con lo que sucede en la Grande Boucle y en días como ayer queda claro el porqué. De todo pasó en los primeros 185 kilómetros de los 3.500 previstos. Una etapa llana, sin aparente peligro, acabó como el rosario de la aurora para la mayoría de favoritos, que como Remco Evenepoel, Primoz Roglic o Carlos Rodríguez, cedieron 38 segundos con respecto a Pogacar, Vingegaard o Enric Mas. Ganó el belga Jasper Phillipsen, que se vestirá de amarillo, en el sprint de Lille tras una coreografía perfectamente articulada de hasta cuatro corredores del Alpecin.
Philipsen triunfa y Evenepoel y Roglic caen en la primera trampa