Apenas hace falta pronunciar su nombre completo para que la imagen se materialice: moño recogido, mirada firme, cuerpo que desafía la gravedad y movimientos que rozan lo irreal. Gemma Mengual lleva ya ocho años lejos de la competición profesional, pero conserva la misma disciplina que la llevó a lo más alto del pódium mundial en natación sincronizada. Hoy, desde su faceta más doméstica y empresarial, reivindica el equilibrio, también en la mesa.

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