Un año después de que los nadadores de aguas abiertas sufrieran lo indecible en el río Sena de París, con valores de Ecoli -una bacteria contaminante- muy elevados, aquellos mismos héroes que tuvieron que lidiar con una prueba salvaje se las tienen que ver con otro decorado similar en los Mundiales de Singapur. El pasado miércoles se celebraron las pruebas olímpicas, las de 10 kilómetros, con un día de retraso en las mujeres al registrar el martes valores inadecuados que ponían en riesgo la salud. Además, la temperatura del agua, cuyo límite es de 31 grados, bordeaba los 30,5. El miércoles todo cuadró por los pelos. Pero los nadadores han dicho basta.

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