Vive dentro de muchos de nosotros un inquisidor. Un yo moralista nada indulgente que hace del juicio a los demás su principal razón de ser. Proyectar errores y maldades sobre espaldas ajenas nos hace sentir mejores. Un modo práctico y sencillo de escapar de las propias miserias señalando obsesivamente las que creemos advertir en los demás. El moralismo y el puritanismo de sofá no son novedades. Son más bien materiales fundacionales del mundo. Cuando mujeres y hombres ya no poblemos la Tierra el inquisidor encontrará el modo de perpetuarse en ella. Es como la cucaracha, una especie que sobrevivirá al apocalipsis.

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