La habitual discrepancia entre lo prometido y lo acontecido durante el presente mandato de Joan Laporta ha alcanzado cotas de difícil digestión en cuanto a la remodelación integral del Spotify Camp Nou. Han sobrado la improvisación, los mensajes triunfalistas y la precipitación y se ha echado en falta un cuerpo directivo y ejecutivo capacitado, profesional y por supuesto prudente a la hora de afrontar un desafío de dimensiones colosales que exigía seriedad y no bandazos. La sensación es que el proyecto les ha ido grande y que los acompañantes elegidos para la misión, lejos de mitigar la imagen de amateurismo, la han agravado.

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