Podría disparar a la gente en la Quinta Avenida y no perdería votos. Esta frase la dijo Donald Trump en 2016, antes de ganar su primera nominación como candidato a la presidencia de los EE.UU. por el Partido Republicano. Y tenía razón. Cuando alguien, o algo, conoce racionalmente los resortes de la pasión y sabe como utilizarlos, está blindado. Da igual lo que haga o lo que diga. Sus feligreses van a seguirlo hasta el fin del mundo. No sólo eso. Cualquier atisbo de crítica que reciba aquel a quien se idolatra, da igual el tono, la forma o las razones que la acompañen, será entendida como una agresión injusta e inaceptable. Al líder sólo se permite idolatrarlo.
Disparar en la Quinta Avenida