Para los lectores de Chicago (Illinois), Tombuctú y Ulan Bator, conviene aclarar que Catalunya tiene unas costumbres no siempre racionales y muy suyas. Así, fer cagar el tió –zurrar un tronco para que defeque regalos infantiles–, los castells –levantar unas torres humanas y poner en lo alto a un chaval al que en el resto de la humanidad prohibiría encaramarse por temor a que se rompa la crisma– y la semana que el RCD Espanyol juega contra el Real Madrid, como sucede este sábado. ¡Toda Catalunya se vuelve blanquiazul! ¡Milagro! Y los blanquiazules, que se pasan la vida quejándose de estar discriminados en su tierra, se lo toman a mal, lejos de fundirse en un abrazo con la mayoría azulgrana de Catalunya.

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