Ambos se niegan la condición de rival enconado. Ninguno quiere oír hablar de la animadversión hacia el otro. Como el agua y el aceite, tanto en lo deportivo como en lo social, Girona y Espanyol son polos opuestos, mundos aparte. Hasta en lo futbolístico, con propuestas antagónicas que sus técnicos intentaron llevar al límite en un derbi que, pese a los muchos intentos de ambos en un partido equilibrado pero electrico, fue el primero de la Liga sin goles.

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