El nombre de Miguel Galán (Madrid, 1978), alías Querellator, produce temblores. En LaLiga, en la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y en el Consejo Superior de Deportes (CSD); en las federaciones territoriales y donde haga falta, porque en su lista de cadáveres están personalidades tan avasalladoras y (casi) intocables como Ángel María Villar y Luis Rubiales. Se lanza ahora también a por Joan Soteras, presidente de la Catalana, tras haber empujado fuera del tablero de la política deportiva a Pedro Rocha, que llegó para hacerse con el trono de la RFEF, pero acabó inhabilitado. E, incluso, se atreve con Javier Tebas (“utiliza a las personas”, dice mientras pone ejemplos).

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