Temperatura impropia de una competición civilizada en un estadio histórico y moribundo. La afición de Mestalla, de tradición beligerante y puñetera, se manifiesta contra una directiva que simboliza el elitismo incompetente de los dueños del nuevo fútbol. El Barça tarda poco en encarrilar el partido, con un festival de Fermín que, si fuera brasileño, colapsaría la euforia de las redes sociales y propiciaría unanimidades multitudinarias. Aprovechando el viento de cola, Hansi Flick dosifica los esfuerzos con unas rotaciones sensatas, tan lógicas que incluso podría ordenarlas Ted Lasso.

Seguir leyendo…