La literalidad nos asfixia. Ensancha nuestra estupidez al tiempo que estrangula nuestra inteligencia. El burro de hoy es aquel que solo atiende al significado literal de las palabras. Un ser incapaz de observar en ellas la capa de intencionalidad con la que vienen revestidas por quien las pronuncia. El tonto vive encadenado al significado unívoco de cada vocablo. En su cerebro no hay lugar para la interpretación del contexto. Tampoco para los dobles sentidos, la intención irónica, la metáfora, ni nada que lo obligue a pensar. Para él todo empieza y acaba en el significado literal que el diccionario atribuye a cada término.

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