Tras una semana compleja, encajada su primera derrota y censurada por su propia gente la victoria ante el Inter, el Real Madrid se encontró con lo que soñaría cualquiera en su situación. Un rival débil, desdibujado por las bajas, y que además adelantó la Navidad. Pero ni siquiera así fueron capaces los blancos de disipar dudas, incapaces de darle el golpe de gracia a un Rayo tumbado en la lona, que amenazó con levantarse y seguir dando guerra. Pero la victoria se quedó en el Bernabéu, donde los pitos empiezan a formar parte del paisaje como la oscuridad que impera en los lienzos de Caravaggio.

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