Ni jugando todo el partido contra diez. El Espanyol perpetró un esperpento en una noche que era propicia para celebrar. Todo lo contrario. El partido fue un desastre, con una penuria de juego, lo que dio un resultado horroroso más que merecido. La grada, despoblada y desencantada, despidió a su equipo, desnortado, con gritos de “fuera, fuera” y con una gran pitada.

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