No hay peor mensaje para los rivales que ganar sin jugar bien, ganar sufriendo y pasándolo mal, cuando además eres el mejor equipo del mundo. España sobrevivió a una noche de altibajos en Wembley, donde estrenaba su segunda estrella, y salió más que airosa, profanando una de las grandes catedrales con un triunfo ante Inglaterra con el que inauguró su camino en la Nations League.

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