Y entonces llegó él. Sergio Camello, de 23 años. Y entonces apareció el delantero del Rayo para levantar el balón con hilo de seda sobre el portero francés Restes. Justo en el minuto 100, en plena prórroga, en pleno asedio francés, cuando la fiesta ya estaba masticándose en el Parque de los Príncipes. Pero Camello dijo que tenía que ser el día de su vida y no tenía bastante. Aún metería el quinto en el último suspiro, inmenso, para convertir en campeona olímpica a la España de Fermín. Una España irreductible, trabajadora y corajuda que se levantó varias veces y que tuvo que ganarse el oro hasta en dos ocasiones. Porque cuando lo tenía en la mano un penalti al menos discutible llevó el partido a la prórroga. Allí España se impuso, consiguió el segundo oro en fútbol de su historia tras el de Barcelona’92 y logró el primer título olímpico de un equipo desde el waterpolo masculino de 1996.
Camello corona a la España de Fermín en un partido para siempre