Cuando un gurú o su credo nos anuncian el fin del mundo y este no llega, ¿cómo es posible que sus seguidores no lo abandonen de inmediato? Cuando una ideología o sus apóstoles, o un programa político, o el líder carismático que lo propugna, fracasan estrepitosamente, ¿cómo es posible que sigan conservando una parte importante de sus adeptos? En El reino , Emmanuel Carrère nos dice que “ es un fenómeno conocido, a menudo observado por los historiadores de las religiones: los desmentidos de la realidad, en vez de arruinar una creencia, tienden al contrario, a reforzarla”.
A quién hacemos caso