Cuando más negra parecía la noche para el Espanyol, que se estaba estrellando contra un Sevilla con diez, apareció un rayo de luz y de esperanza en un cabezazo de Marcos Fernández que rescató un punto in extremis. En un final de partido con mucho suspense, él mismo Marcos remató al larguero y de cabeza cogió su propio rechace para empatar un duelo que se había complicado lo indecible. No fueron los debutantes Bryan Zaragoza y Hartman sino un canterano el que salvó el honor y evitó la tercera derrota consecutiva para el equipo blanquiazul.

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