En medio de la zozobra, el último dique de contención. Entre el desbarajuste, una mano redentora. Dentro de un dislate de partido, salvo el tramo final, un pie al rescate. Cuando el barco amenazaba con irse a pique, el brazalete por delante para salvar la nave. Ter Stegen ejerció de gigante para aliviar a un Barça desnortado durante casi todo el encuentro. Apenas había pestañeado el partido cuando ya tuvo que aparecer con un brazo firme para que un chut duro de Barrenetxea no se convirtiera en gol. Poco después emergió de nuevo para arreglar un mal envío de Koundé y pasado el cuarto de hora impidió un gol de Take Kubo, alargando la pierna como un resorte.
Ter Stegen, el número uno: “No sé si el triunfo es muy merecido”