Cuando los All Blacks perdieron hace poco la final del Mundial de rugby, cinco millones de corazones neozelandeses se rompieron; cuando Brasil no gana un mundial, 215 millones de corazones, desde Río hasta São Paulo y desde Manaos hasta Belo Horizonte, se hacen añicos; pero cuando India cae en un torneo importante de críquet, el balance de víctimas es todavía mayor, cerca de los 1.400 millones.
Mil millones de corazones rotos