El debate sobre una posible conversión del FC Barcelona en sociedad anónima deportiva surge ante la crítica situación económica que sufre la entidad y que se agrava con el paso de los meses. El barcelonismo convive, incrédulo pero pasivo, con una gestión errática, sin rumbo, opaca y alejada de los más mínimos estándares de transparencia que exige un club propiedad de sus socios, cuya singularidad se ha forjado a lo largo de más de 124 años de historia.
¿Queremos perder nuestra seña de identidad?