Hace dos domingos, ante seis mil espectadores y en términos antiguos, el CE Europa fue atracado en el campo de su nuevo eterno rival, la UE Sant Andreu. El colegiado pitó un penalti injusto –el balón no dio en la mano sino en el estómago– y dejó de señalar otro por derribo del portero local. Sucede que en Segunda RFEF no hay VAR y sin VAR apenas hay tiempo de recrearse en los errores arbitrales. El fútbol imperfecto sigue y aquí paz y después gloria (no les niego que a esta benevolencia contribuye la victoria del Europa, a pesar de todo).

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