El tono de Ilkay Gündogan, recién llegado al FC Barcelona y, por tanto, incontaminado aún respecto a su viaje diario a la locura, es reposado, realista y hasta esperanzador. El veterano centrocampista, nacido en Gelsenkirchen hace 33 años, asume que su nuevo equipo debe mejorar, pero enmarca ese progreso dentro de la evolución lógica de un club que quiere acercarse a lo que fue. Gündogan nos dice que prefiere charlar a ser entrevistado. Se intenta.

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