El sueño de todo afrikáner es vestir un día la camiseta de los Springboks. También lo fue de Duhan van der Merwe durante su infancia y adolescencia en George, una ciudad de 150.000 habitantes en la provincia sudafricana de Cabo Occidental. Pero el deporte –en un reflejo de la vida misma– se escribe a veces con renglones torcidos y ofrece rutas con escalas para llegar al destino. En el caso del rugby, la norma de poder ser internacional por un país distinto al de la nacionalidad tras tres años de residencia.

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