No hay peor ciego que aquel que no quiere ver. Y el ciego que no quiere abrir los ojos no puede saber nunca qué es aquello que tiene enfrente que no le permite avanzar. Por lo tanto, este ciego que no quiere mirar no podrá buscar nunca la solución a su problema porque no puede detectarlo con precisión. Irá dando palos de ciego. Por eso, celebro, con un punto de esperanza, incluso que Xavi haya decidido dar el paso, abrir los ojos y poner palabras a la realidad que se ha encontrado delante.
Este Xavi, sí