Aunque las audiencias televisivas lo desmienten, la sensación es que, en Catalunya, los partidos de la selección española, sobre todo los amistosos, interesan relativamente. La explicación hay que buscarla en el vínculo sentimental que los habitantes de un país establecen con sus referentes simbólicos. La confrontación España-Catalunya tiene derivadas políticas, culturales, mediáticas y deportivas. La imposibilidad de competir con una selección propia y de asimilar criterios como los que aplica el Reino Unido genera desafecciones fáciles de entender.
Un estado de ánimo mutante