Hubo (y hay) una España boba que siempre miró con recelo hacia lo extranjero, una postura acomplejada de quien fue imperio y hace mucho que ya no. Solo aquí hace gracia todavía presumir de no hablar idiomas, avería estrictamente hispánica. Nada como viajar para curarse ese tipo de ignorancia. No hablamos de hacer turismo guarro durante cuatro días sino de vivir, siendo preferiblemente joven, una larga temporada en un país ajeno con la mente abierta y la disposición de dar y absorber. De aprender, en resumidas cuentas.
Salid (al extranjero) y disfrutad