Cuando algún amigo me cuestiona si quiero ver el partido de fútbol en un bar o en el sofá de casa, mi respuesta siempre es la misma: en el estadio. Ir al Camp Nou, con 85.000 espectadores a tu alrededor, es una experiencia única y lo es porque nunca sabes lo que va a suceder. Incluso esos dignos amigos repelentes que dicen saberlo todo sobre los extremos que suben o los laterales que bajan son incapaces de elaborar un guion sobre aquello que vamos a ver.
Un camello en un bar de París