Hace cinco meses Fran Garagarza cambió completamente el rumbo. Contrario a sus principios, a las ideas con las que había llegado al Espanyol, decidió prescindir de Luis Miguel Ramis. Cuestión de feeling , de implicación, de resultados y de apuesta por la cantera. Varias fueron las decepciones que se llevó el de Mutriku hasta que tomó una decisión que entendía que podría volverse contra él, como así fue. Cuatro meses antes había destituido contra pronóstico a Luis García, quizás el entrenador que más consenso había generado entre afición, entorno y club. Pero la hoja de ruta de Garagarza era otra. Quería un juego más físico y conservador, como había sido el practicado en el club en los últimos años, salvando la etapa de Rubi.
Más ilusión que razón en el retorno del Espanyol