Desde que el mundo del motor se transmite genéticamente –tantos casos de gasolina corriendo por las venas–, los hijos de pilotos han heredado la afición de los padres por las dos o las cuatro ruedas. De tal palo, tal astilla, ahí están los Brabham, los Hill, los Villeneuve, los Andretti, la saga Fittipaldi, los Piquet, los Rosberg o, más recientemente, los Schumacher o los Verstappen. Y en motos, dinastías como los Nieto o los Pons, los Rossi, los Roberts, los Bradl, los Oettl o los Gardner…
Palos y astillas torcidos, cuando la herencia genética se ‘desvía’