En otra época y en otro contexto, hubiera dado para alimentar la mística de los Lagos de Covadonga, territorio sagrado plagado de leyendas construidas entre lo terrenal y lo sobrehumano. Esta vez no fue una manifestación esotérica, un guiño de La Santina, protectora divina de la zona, sino un Marc Soler descomunal que se impuso en la mítica cumbre asturiana, donde Ben O’Connor salvó el maillot rojo con solo cinco segundos sobre Primoz Roglic.

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