Cuando Josep Lluís Núñez, 45 años atrás, decidió hacer caso a Jaume Amat, entonces directivo responsable del fútbol base, para convertir la Masia en residencia de los jóvenes valores de cantera llegados de fuera de Barcelona, que habitaban desperdigados entre hogares de familias de acogida o pensiones de escasa reputación, poco podría imaginar que aquella iniciativa daría lugar a uno de los centros de mayor reconocimiento mundial de formación de grandes talentos del último medio siglo. Desde Amor y Guardiola, pasando por De la Peña, Celades, Òscar y Roger García Junyent, Xavi, Puyol, Valdés, Iniesta, Messi, Bojan, Sergi Roberto, hasta los actuales Lamine Yamal, Cubarsí, Gabi, Fermín o Marc Bernal, todos forman parte de generaciones de jugadores a los que se inculcó el juego del fútbol bajo una misma idea, intransferible y a la que nadie se puede asignar como garante único, a pesar de la huella imborrable de personajes como los Boté, Escolà, Tort, Olivé, Martínez Vilaseca o Seirul·lo, entre otros, y Alexanko en la actualidad, que aportaron su grano de arena al proyecto.
El método Masia