Las gradas de Montilivi, dejando entrever los árboles de las calles adyacentes, dibujan el estadio de un club modesto. También los pasillos, las bocas e incluso los asientos, curtidos por miles de partidos de categorías humildes, parecen hablar de ese fútbol más austero que ha marcado la historia de la entidad. El actual Girona, en cambio, vive un presente más glamuroso, malacostumbrados los aficionados por un equipo histórico que les ha hecho traspasar fronteras. Ante el Rayo Vallecano, sin embargo, los de Míchel evocaron esas épocas menos gratas, marcadas por el sufrimiento, y no pasaron de un empate sin goles que eleva a cuatro los partidos sin conocer el triunfo, tres ellos saldados con derrota.
El Girona se queda sin gol ante el Rayo