Van cinco jornadas de Champions y Kylian Mbappé sigue perdido en una dimensión desconocida: cuando recibe, arranca en solitario, es un búfalo que avanza con la mirada baja, y muy pocas veces le acompaña un compañero, y muy pocas veces su acción obtiene un premio para los blancos. Y si se compromete y se coloca el balón bajo el hombro, y así proclama que “este penalti lo lanzo yo”, como hace tras el derribo de Robertson a Lucas Vázquez, entonces tampoco resuelve.

Seguir leyendo…