Contra su vocación de club imbuido de un supremo valor institucional en el fútbol, el Real Madrid se negó a acudir a la gala de entrega del Balón de Oro, un premio con 68 años de historia. Forma parte de un paisaje simbólico que en estos tiempos ha adquirido una enorme importancia en el capítulo comercial. El Real Madrid lo sabe y nunca ha dudado en presumir de esta clase de reconocimientos. Le proporcionan un brillo extra que su presidente, Florentino Pérez, aprovecha para proclamar a los cuatro vientos el liderazgo del club, hasta el punto de interiorizar una idea patrimonial del fútbol: es su propiedad, le pertenece.

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