Roma estuvo al borde del colapso dos siglos antes de la caída del imperio. El convulso periodo de 50 años (235-284 d.C.), conocido por los historiadores como la anarquía militar, se caracterizó por una inestabilidad política sin precedentes, plagada de luchas internas y con más de una veintena de emperadores (legítimos y usurpadores) turnándose en el trono. No fue hasta la llegada al poder de Diocleciano cuando se recuperó cierta calma, si bien el imperio romano ya había iniciado el camino de su decadencia.

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