Pese a seguir líder, la dinámica del Barcelona no es buena, con 1 punto de los últimos seis posibles, y para cambiarla Hansi Flick decidió romper rutinas que él mismo había instaurado en estos primeros cuatro meses de competición. Hasta ahora evitaba dirigirse a los jugadores justo después de los partidos y esperaba 24 horas para enfriar su análisis. Pero en Balaídos le hervía la sangre por haber dejado escapar dos puntos. Y buscó una reacción inmediata de sus futbolistas con una charla muy visceral en el mismo vestuario del estadio del Celta.

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