Abrazos. Felicitaciones. Sardanas. Un Visca el Barça desde la grada. El calor del Johan Cruyff. Tambores de fondo. Todo para celebrar que el Barça, por séptimo año consecutivo, vuelve a estar en una semifinal de Champions. Nadie antes lo había conseguido. Toda una hazaña la de este equipo que cada año puja por seguir creciendo y reinando en Europa a pesar del difícil contexto nacional. No hay que engañar al lector. Después del 1-4 sellado en Wolfsburgo, se esperaba que la vuelta de los cuartos de final en el Johan Cruyff fuera más bien un trámite. O un paseo. Y así fue, tal y como reflejó, el 6-1 del marcador. Pero, tras la sombra que dejó el clásico de la Liga F con un Real Madrid que congeló al Barcelona en Montjuïc, había ganas de recuperar esa mejor versión. Porque estas futbolistas no soportan perder. Y algunas de ellas tenían asignaturas pendientes. Como Salma Paralluelo que ante el Real Madrid no le salió nada y que ayer le salió todo. O como Brugts que ante las blancas se empequeñeció y no se atrevió a chutar desde la frontal. O como Pina que necesitaba reencontrarse con el gol tras su lesión. O Mapi León que marcó de falta directa en el tiempo añadido. Porque el fútbol con competencia siempre es así. Un cúmulo de sentimientos y de frustraciones que un día te hace brillar y otro te deja sentada. Pero de todo se aprende.
El Barça vuelve a atropellar al Wolfsburgo y ya está en las semifinales de la Champions