Mi madre me pide que no escale, que deje de una vez de subir montañas, me case y tenga hijos”, musita Nangsal Choedon Lama mientras sirve té a guías y porteadores, la clientela habitual de su pequeño local de Sama Gaon, el último pueblo en la ruta del campo base del Manaslu, en Nepal. Nangsal, la pequeña de dos hermanas y dos hermanos, se ha curtido en altitud trabajando de todo desde niña; primero, para contribuir a la economía familiar, y después para pagarse sus expediciones. Ella veía pasar cada temporada por Sama Gaon multitud de personas llegadas de todo el mundo con el propósito de coronar el Manaslu. Llegó un momento en que ella, igual que su amiga y vecina Diki Lhamu Lama, ya no se conformaron con ser espectadoras de las aventuras de otros, ansiaban ser las protagonistas y hollar también esta cumbre de 8.163 metros.
Del Manaslu al Everest o cómo Nangsal y Diki se buscan la vida con mil empleos para subir cimas