El deporte no es ajeno a los despilfarros en obras públicas de este país, vicio practicado por todos los partidos políticos. El truco es simple: basta un acontecimiento en el horizonte que ilusione a la población –por lo civil o por lo criminal– para erigir recintos condenados a la soledad o a las reformas onerosas (ver pistas de atletismo en campos futboleros). Es el caso de La Cartuja de Sevilla, estadio al que sólo las finales de Copa del Rey rescatan del olvido. Quienes lo perpetraron están de chamba porque Real Madrid y FC Barcelona disputan este sábado una final llamada a marcar la temporada.

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