Incapaz de traicionarse y renunciar a su forma de ser, el FC Barcelona dejó escapar en Milán una Liga de Campeones que llevaba su nombre. Esta vez, sin embargo, el barcelonismo hizo piña, todo fue unidad, orgullo y asunción de la derrota, normalmente huérfana de padre y madre. ¿Todo? No exactamente. Hubo una excepción y se diría que existió un culpable, al que se ha señalado sin la indulgencia que tantos y tantos recibieron el martes en Milán. Ladies and gentlemen , el crucificado es…¡Ronald Araújo!
La crucifixión de Araújo