Querían que fuera Bilbao 2024. Pero Lisboa 2025 se pareció más a Turín 2022. Volvió a sonar Paradise de Coldplay, una canción que no trae buenos recuerdos. Esta vez no fue el Olympique de Lyon, bestia negra del Barça, quien levantó la Champions, sino el Arsenal. La estampa azulgrana, sin embargo, era la misma: Aitana lloraba desconsoladamente. Alexia se dejó caer sobre el césped. Porque fue como en Turín, pero sin serlo. Porque esta vez, el Barça partía como claro favorito y con un abanico de recursos futbolísticos que no apareció. Dejaron de ser ellas el único día que no podían dejar de serlo.

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