El Mundial de Clubs de la FIFA es una nueva droga de laboratorio derivada de lo que, a principios de siglo XX, los marxistas denominaban “opio del pueblo”. La competición ha empezado en un país, EE.UU., que sufre terremotos políticos y sociales que en otro contexto habrían obligado a suspenderla. El Inter de Miami-Al Ahly de El Cairo inaugural ha confirmado la decepción como energía oficial de la franquicia. Es una decepción que se ha extendido a un Messi que ponía cara de jugar más por imperativo contractual que por vocación.
El mercado es nuestra metadona