“Esto es como su Feria de Abril, ¡no me imaginaba!”, comenta un colega andaluz inmerso en la algarabía, el color y el ruido del circuito de Assen, un poco antes de la carrera. Centenares de autocaravanas y tiendas de campaña en los alrededores, niños muy pequeños con las protecciones auditivas de la mano de sus abuelos, animados cánticos en la grada y pancartas de todas las nacionalidades demuestran que una afición no se improvisa, por muy pérsico que uno sea, y dejan claro por qué se le llama a este lugar la catedral del motociclismo –tienen carrera ininterrumpidamente desde 1949–. La Grada 93 (fans de Marc Márquez) y La Grada de Àlex (de su hermano) entretienen a la gente desde días antes (“si no, sería muy corto, no se hace un viaje tan largo para 45 minutos”). Muchas escuderías ya no tienen azafatas con paraguas, las de otros son equiparables a las de las ferias y congresos pero aún se ven algunas –un equipo tiene a Onlyfans como espónsor– cuyo aspecto podría perfectamente levantar un debate feminista.
Assen: coreografía sobre el asfalto