Las relaciones del F.C Barcelona con el Athletic Club han permitido dispersar la atención de otros temas igual de turbulentos. La sanción de 15 millones de la UEFA por incumplir el fair play financiero, por ejemplo, enterrada bajo las toneladas de polémica, auténtica e inducida, provocada por la renovación de Nico Williams. O la fecha de apertura parcial del nuevo Camp Nou, que, a medida que se agota la cuenta atrás, hace emerger un iceberg de ingeniería preventiva para justificar incumplimientos inminentes. El esfuerzo de Víctor Font por presentarse como alternativa lo mantiene en una paradoja permanente: cuanto más rotundo se manifiesta como opositor, menos influye en la disipada vida culé.

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