Fue uno de aquellos momentos cumbre del deporte: un Nadal-Federer, un Senna-Prost, un Kipchoge-Bekele… Fueron 8m05s62 con el corazón en un puño, con una adrenalina que iba aumentando al ritmo de las brazadas de Katie Ledecky y Summer McIntosh, que se jugaban en el Aquatic Center de Singapur mucho más que un oro. Era la corona del 800 libre, la prueba que presentó a la estadounidense al mundo una calurosa noche de agosto en Londres, en el 2012, con apenas 15 años; y ahora con 28 se mantiene invicta en las grandes competiciones: cuatro títulos olímpicos, siete mundiales.

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