Sufría por el resultado el Barça, víctima de sus propios regalos, y emergió la figura de Karim Adeyemi para poner las cosas en su sitio. Pero no fue un gol cualquiera para sentenciar otra victoria. Fue un gol de crack. Una jugada de fantasía. Una conducción a toda máquina. Un acción individual en la que aunó velocidad, precisión, calidad, potencia y determinación. Un balón que controló en la línea de medios del Levante escorado hacia la izquierda. Un lance en el que superó hasta a tres futbolistas del Levante para embocar el cuarto gol barcelonista. Sorteó al primero, superó al segundo, se lanzó un autopase perfecto, recortó con la pierna izquierda a un nuevo adversario y marcó con la derecha al primer palo, engañando al portero y a la defensa.

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