Hubo un tiempo lejano en el que querer que al Real Madrid le fuera mal contra un equipo extranjero estaba muy mal visto. Los aficionados de la Lazio podían desear el mal a los de la Roma (y viceversa) las 24 horas del día en cualquier rincón del mundo; lo mismo les sucedía a los del Marsella respecto a los del PSG y por supuesto a las bancadas del Boca Juniors y el River Plate, cuyo odio recíproco era, es y será visceral. En aquella capital de España de viejas costumbres, sin embargo, consideraban que celebrar que el Real Madrid perdiera con el Aberdeen era poco menos que una traición a la patria.
Cuando la patria es el Real Madrid