Cuando una persona a la que tengo gran afecto se trasladó con la familia de Estambul a Vitoria hace unos años, le pregunté sorprendido si no se iba a aburrir. Y me dijo que hay un momento en la vida, cuando los niños son pequeños, en que el aburrimiento es la medicina perfecta. Mucho más si por contemplar las musarañas –excepto cuando estás trabajando– te pagan a precio de oro (o, en este caso, de petróleo), como ocurre con los futbolistas que se han ido a la SPL (Premier League de Arabia Saudí).
Aburrimiento a precio de petróleo